Thursday, January 27, 2005

Suite 333

La maraña de rojos del atardecer de la suite 333 fueron inolvidables.
Eran ya dos whiskys rumbo de las 6 de la tarde y mi soledad y yo... te esperamos. Muy bañaditas... acicaladas. Quietecitas.. viendo el mar con los ojotes abiertos como la luna que -ya sabía yo- nos esperaba también esa noche: llena.
Llegaste como llegan los telegramas urgentes. Anunciando EL ACONTECIMIENTO que cambia la vida del que lo lee. Rápido, sin avisar, sin esperarlo... tocaste. Tocaste la memoria larga y cansada de 18 años. La desmembramos, la recorrimos, la cuestionamos. Hablamos del por qué no fué y del si hubiera sido.
Reconocer las texturas y los perfumes de lo perdido, de lo renunciado... de la fantasía?
Grabar en la memoria cada tono de tu voz. inolvidable risa. mirada certera... sin ocuparnos de la realidad que esperaba impaciente en el pasillo de la esperanza. (casi podía oirla... golpear sus zapatitos contra el piso).
Te fuiste.
Y contradiciendo al "nosotros, ya no somos los de entonces"; me quedé en el balcón de la suite 333, viendo el mar, fumando tu recuerdo hasta apagarlo con la lluvia que dejaste al decir: Mi amor.


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